Regeneración ósea dental: técnicas, materiales y protocolos clínicos
La regeneración ósea dental es hoy en día uno de los pilares fundamentales de la implantología y la cirugía oral. La pérdida de hueso alveolar ya sea por enfermedad periodontal, traumatismos, extracciones dentales o atrofia progresiva, condiciona de forma directa el éxito funcional y estético de los tratamientos rehabilitadores [4,5]. Por ello, comprender cómo se regenera el tejido óseo y qué herramientas clínicas permiten optimizar este proceso resulta clave para el profesional odontológico.
En esta guía completa sobre regeneración ósea dental abordaremos, de forma estructurada y práctica, las bases biológicas del proceso regenerativo, las principales soluciones terapéuticas, las técnicas quirúrgicas disponibles, los biomateriales y membranas más utilizadas, así como los protocolos clínicos, la recuperación postoperatoria y las tendencias innovadoras que están marcando el futuro de la regeneración ósea en odontología.
ÍNDICE
- 1. Fundamentos biológicos
- 2. Soluciones terapéuticas
- 2.1. Procedimientos de Regeneración Ósea Guiada
- 2.2. Colocación diferida de implantes después de regeneración ósea
- 2.3. Preservación de cresta
- 2.4. Elevación de seno maxilar
- 2.5. Tratamiento de la periimplantitis
- 2.6. Tratamiento periodontal quirúrgico y no quirúrgico
- 2.7. Regeneración de los tejidos blandos
- 3. Técnicas de regeneración ósea
- 4. Protocolos quirúrgicos
Fundamentos biológicos de la regeneración ósea
1.1. Fases del proceso de regeneración ósea
El proceso de regeneración ósea dental sigue una secuencia ordenada de etapas secuenciales bien definidas, fundamentales para comprender la respuesta tisular y el comportamiento de los biomateriales utilizados en los procedimientos regenerativos [1–3].
1) Hemostasia y formación del coágulo
La fase inicial de la regeneración ósea dental es la formación del coágulo sanguíneo, compuesto por fibrina, plaquetas y células sanguíneas. Además de su función hemostática, el coágulo actúa como una matriz provisional, facilitando la migración celular [1,2].
2) Fase inflamatoria
Durante las primeras horas y días se produce una inflamación fisiológica controlada. Los neutrófilos participan en el control microbiano inicial, mientras que los macrófagos desempeñan un papel central en la eliminación de restos tisulares y en la liberación de mediadores que regulan la transición hacia la fase regenerativa y promueven la angiogénesis [2,3].
3) Fase proliferativa: tejido de granulación y angiogénesis
En esta fase se forma tejido de granulación, compuesto por fibroblastos, células mesenquimales y una intensa angiogénesis. La vascularización resulta crítica en la regeneración ósea dental, ya que aporta oxígeno, nutrientes y células osteoprogenitoras, creando el microambiente necesario para el inicio de la osteogénesis [3,4].
En los procedimientos de regeneración ósea dental, esta fase es especialmente sensible a la estabilidad del coágulo, al mantenimiento del espacio y a la exclusión de los tejidos blandos, factores descritos como determinantes para el éxito clínico de la regeneración ósea guiada [4,5].
4) Osteogénesis: formación de hueso inmaduro
Durante la fase de osteogénesis, las células osteoprogenitoras se diferencian en osteoblastos, responsables de la deposición de matriz osteoide y de la formación de hueso inmaduro o woven bone [1,4].
En presencia de biomateriales osteoconductores, como los xenoinjertos, el hueso nuevo se deposita sobre y entre las partículas del material, lo que explica la coexistencia de hueso vital y partículas residuales durante un periodo variable [4,5].
5) Remodelado y maduración ósea
La fase final de la regeneración ósea dental corresponde al remodelado óseo, durante el cual el hueso inmaduro se transforma progresivamente en hueso lamelar mediante un equilibrio dinámico entre resorción y formación ósea. Este proceso puede prolongarse durante meses o incluso años, dependiendo del tipo de defecto, el biomaterial empleado y las condiciones biomecánicas locales [1,6].
La calidad ósea alcanzada tras el remodelado es especialmente relevante en implantología, ya que condiciona la estabilidad a largo plazo de los implantes dentales y el éxito de los tratamientos de regeneración ósea dental [5,6].
1.2. Factores biológicos determinantes
La regeneración ósea dental mediante regeneración ósea guiada (ROG/GBR) es una técnica que busca aumentar o reconstruir el hueso alveolar perdido con el objetivo de permitir posteriormente la colocación de una prótesis que permita devolver al paciente la función y la estética requerida. El éxito de esta técnica no depende únicamente del biomaterial empleado, sino del cumplimiento de principios biológicos y quirúrgicos bien establecidos, ampliamente descritos en la literatura científica [9].
Estabilidad del coágulo y del injerto
Para que la regeneración ósea dental sea efectiva, tanto el coágulo como el injerto óseo deben mantenerse estables durante las fases iniciales de cicatrización [9]. La evidencia científica sobre los micromovimientos demuestra que niveles excesivos pueden favorecer la formación de tejido fibroso en lugar de hueso, interfiriendo con la osteogénesis, un concepto extrapolable a la estabilidad del sitio regenerativo [9,10].
Por este motivo, en los procedimientos de regeneración ósea dental con biomateriales resulta fundamental una adecuada compactación del injerto, siendo en algunos casos necesario el uso de elementos de fijación adicionales [9].
Mantenimiento del espacio
La regeneración ósea requiere la creación y preservación de un espacio protegido, que permita que el coágulo madure hacia tejido óseo manteniendo el volumen deseado, a diferencia de lo que ocurre en la cicatrización espontánea de los tejidos [7,9].
Las revisiones bibliográficas destacan el mantenimiento del espacio como una condición esencial para el éxito de la regeneración ósea guiada, ya que el colapso del defecto se asocia a una disminución de la ganancia ósea [7,9]. En defectos de mayor tamaño, la técnica quirúrgica, el soporte mecánico y la correcta selección del biomaterial desempeñan un papel determinante [7].
Exclusión de tejidos blandos
El principio fundacional de la regeneración ósea se basa en la exclusión de los tejidos blandos, tanto del epitelio como del tejido conectivo, con el objetivo de permitir que las células osteogénicas colonicen el defecto [8].
La membrana actúa como una barrera selectiva, funcionando como un segundo colgajo durante las fases iniciales de cicatrización, que constituyen un periodo crítico para el desarrollo del tejido regenerativo [7,9]. Existen distintos tipos de membranas, entre las que destacan las membranas de colágeno reabsorbibles, diseñadas para cumplir esta función biológica y facilitar el manejo clínico [7,14].
Cierre primario sin tensión
Un cierre primario estable y sin tensión reduce el riesgo de dehiscencias y de exposición de la membrana. La evidencia indica que la exposición de la membrana puede afectar negativamente a los resultados de la regeneración ósea, por lo que su prevención constituye un objetivo quirúrgico prioritario [11].
El diseño del colgajo y la liberación del periostio son maniobras quirúrgicas para lograr un cierre sin tensión y minimizar la aparición de complicaciones postoperatorias [12,13].
Buena vascularización
La regeneración ósea dental es un proceso biológico altamente dependiente de una adecuada vascularización, ya que los vasos sanguíneos aportan oxígeno, nutrientes, células inflamatorias, células regenerativas y señales biológicas necesarias para la activación de la angiogénesis, considerada un paso previo y limitante para la formación de hueso nuevo [14].
Las revisiones sobre los mecanismos biológicos de la regeneración ósea describen que este proceso ocurre en un entorno protegido bajo la membrana, donde el coágulo y el tejido de granulación se organizan y se vascularizan de forma progresiva, permitiendo la posterior osteogénesis [14].
1.3. Principios de osteogénesis, osteoinducción y osteoconducción
La regeneración ósea dental se basa en mecanismos biológicos bien definidos que explican cómo se forma hueso nuevo tras un procedimiento quirúrgico. La comprensión de estos principios es fundamental para la selección adecuada del biomaterial, así como para interpretar correctamente sus indicaciones, limitaciones y resultados clínicos.
Desde un punto de vista biológico, se describen tres principios fundamentales implicados en la regeneración ósea: osteogénesis, osteoinducción y osteoconducción. Cada uno de ellos responde a un mecanismo distinto y se asocia a biomateriales con comportamientos clínicos específicos [15–17].
Osteogénesis
La osteogénesis se define como la formación de hueso nuevo a partir de células osteoprogenitoras viables, capaces de diferenciarse en osteoblastos y producir matriz ósea. En la práctica clínica, este mecanismo únicamente está presente cuando el material injertado contiene células vivas con potencial osteogénico, lo que ocurre exclusivamente con el hueso autólogo [15,16].
El hueso autólogo es el único biomaterial que presenta verdadera capacidad osteogénica. Se obtiene habitualmente de sitios intraorales y destaca por su elevado potencial biológico. No obstante, su uso clínico se ve limitado por factores como la morbilidad del sitio donante, la disponibilidad de volumen y una mayor reabsorción inicial, por lo que suele indicarse en defectos pequeños o en combinación con otros injertos [15,16].
Osteoinducción
La osteoinducción se refiere a la capacidad de un material para estimular la diferenciación de células mesenquimales indiferenciadas hacia la línea osteoblástica. Este proceso está mediado por factores de crecimiento, especialmente las proteínas morfogenéticas óseas (BMPs) [17].
Algunos aloinjertos desmineralizados pueden conservar cierto potencial osteoinductivo, aunque su comportamiento clínico depende del método de procesamiento y esterilización del material [17].
Osteoconducción
La osteoconducción describe la capacidad de un biomaterial para actuar como un andamiaje tridimensional, permitiendo la migración celular, la angiogénesis y la deposición progresiva de hueso nuevo sobre su superficie [18].
La mayoría de los biomateriales utilizados en regeneración ósea dental presentan un comportamiento predominantemente osteoconductivo. Entre ellos se incluyen los xenoinjertos de origen animal, los aloinjertos mineralizados y los sustitutos óseos sintéticos, como los fosfatos cálcicos [18,19].
Factores como la porosidad, la interconectividad de los poros y la estabilidad volumétrica del biomaterial influyen directamente en su rendimiento clínico y en la calidad del hueso regenerado [18,19].
2. Soluciones terapéuticas en regeneración ósea dental
En esta sección se revisan las principales soluciones terapéuticas en regeneración ósea dental para manejar la pérdida ósea alveolar en función del tipo y la magnitud del defecto. Se abordarán desde aumentos óseos pequeños hasta reconstrucciones de grandes dimensiones, además del tratamiento de alveolos postextracción y la elevación de seno maxilar.
2.1. Procedimientos de Regeneración Ósea Guiada
Los procedimientos de regeneración ósea guiada (ROG) son técnicas quirúrgicas destinadas a promover la formación de nuevo hueso mediante el uso de membranas de barrera que excluyen el tejido blando y mantienen un espacio estable para la regeneración ósea [8].
Su finalidad es optimizar el soporte óseo alrededor de los implantes y corregir deficiencias morfológicas que puedan comprometer la estabilidad funcional y el resultado estético [28]. Se aplican tanto en el momento de la colocación del implante como en cirugías posteriores cuando se identifican defectos periimplantarios.
En este contexto, la regeneración ósea dental es clave en el abordaje de los defectos descritos en la clasificación de defectos periimplantarios de Benić y Hämmerle (2014) [27], que sistematiza las alteraciones óseas alrededor de los implantes y orienta la estrategia terapéutica.
- La clase 0 corresponde a los déficits de contorno: el implante está completamente rodeado de hueso, pero existe una insuficiencia de volumen, generalmente vestibular. Aunque no hay exposición de la superficie implantaria, el grosor óseo puede resultar insuficiente para garantizar estabilidad biológica y resultados estéticos óptimos [27, 28].
- La clase I engloba los defectos intraalveolares, caracterizados por pérdidas óseas contenidas dentro del alveolo o del lecho implantario, con paredes remanentes que proporcionan contención y facilitan la estabilidad del coágulo y del biomaterial [27, 28].
- La clase II incluye dehiscencias y fenestraciones, situaciones en las que la superficie del implante queda expuesta parcial o focalmente. La fenestración se presenta como una ventana ósea localizada con preservación de la cresta marginal, mientras que la dehiscencia implica una pérdida ósea vertical desde la cresta hacia apical [27, 28].
La correcta selección de biomateriales, el uso adecuado de membranas y el cierre primario sin tensión son determinantes para el éxito clínico [28,29]. La aplicación de la regeneración ósea dental en función de esta clasificación permite individualizar la estrategia terapéutica y mejorar la predictibilidad a largo plazo [30].
2.2. Colocación diferida de implantes después de regeneración ósea
En casos de atrofia ósea severa, los implantes pueden requerir un enfoque secuencial, en el que primero se realiza la reconstrucción ósea y, una vez consolidado el injerto, se coloca el implante en un segundo tiempo quirúrgico [31–33]. Esta estrategia permite asegurar una base ósea estable y suficiente, optimizando la posición tridimensional del implante y reduciendo riesgos biológicos y mecánicos.
Los aumentos óseos complejos incluyen tanto aumentos horizontales —cuando el espesor vestibulo-lingual es insuficiente— como aumentos verticales, que implican ganar altura ósea y son más desafiantes biológicamente [27,34]. En estos escenarios, la regeneración ósea dental es fundamental para recuperar volumen y calidad ósea mediante técnicas avanzadas y materiales biocompatibles.
Entre las opciones terapéuticas se encuentran:
- Injertos en bloque autólogos
- Mallas de titanio
- Membranas no reabsorbibles
- Regeneración ósea guiada con hueso particulado y membranas reabsorbibles
- Distracciones óseas
- Técnicas de expansión de cresta (bone splitting)
- Técnicas en “tienda de campaña” y encofrados [27,34,35]
- Sausage techniqueTM
Realizar primero la reconstrucción ósea y diferir la colocación del implante permite:
- Mejorar la revascularización y maduración del injerto
- Disminuir el riesgo de exposición de membranas o fracaso regenerativo
- Garantizar estabilidad primaria adecuada al momento de la inserción
- Optimizar la posición tridimensional y estética del implante
En un segundo tiempo quirúrgico, el implante se coloca sobre el lecho óseo consolidado, mejorando la predictibilidad de la osteointegración y los resultados funcionales a largo plazo [32,34]. Este enfoque secuencial constituye una estrategia segura y planificada en escenarios de aumento óseo complejo, ampliando las indicaciones implantológicas y optimizando los resultados clínicos y estéticos.
2.3. Preservación de cresta
La preservación de cresta alveolar es un procedimiento de regeneración ósea que se realiza tras una extracción para reducir la reabsorción del reborde. Su finalidad es mantener volumen y arquitectura del alveolo y facilitar una futura rehabilitación, especialmente con implantes. Se usa cuando se prevé colapso dimensional (p. ej., tabla vestibular fina) o cuando se planifica una colocación implantaria diferida.
Si no se realiza preservación, la cicatrización espontánea suele asociarse a una pérdida marcada del reborde: de forma clásica se describe una reducción aproximada del 50% del ancho durante los primeros meses, con mayor afectación de la tabla vestibular [36,37]. Estos cambios pueden comprometer el perfil de emergencia, la estabilidad de los tejidos blandos y la posición tridimensional del implante.
Desde el punto de vista biológico, la remodelación postextracción se relaciona con la reabsorción del hueso fasciculado tras la pérdida del ligamento periodontal y con la reorganización del aporte vascular local [38]. Por ello, incluso con una exodoncia atraumática, la pérdida de volumen no es “evitable”, sino que debe anticiparse y manejarse.
La preservación de cresta busca limitar la pérdida horizontal y vertical mediante el relleno del alveolo con un biomaterial y, cuando está indicado, el uso de una membrana de barrera. La evidencia de revisiones sistemáticas y metaanálisis muestra que esta intervención reduce de forma significativa los cambios dimensionales frente a la cicatrización espontánea [39].
En cuanto a materiales, los xenoinjertos bovinos desproteinizados se emplean con frecuencia por su estabilidad volumétrica y su lenta remodelación, lo que ayuda a mantener el contorno del reborde durante la maduración ósea [39]. La membrana de colágeno reabsorbible puede favorecer la regeneración ósea guiada al estabilizar el coágulo y dificultar la migración de tejido blando hacia el defecto [8].
2.4. Elevación de seno maxilar

La elevación de seno maxilar es un procedimiento quirúrgico indicado para aumentar la altura ósea en el sector posterior del maxilar cuando el volumen disponible es insuficiente para la colocación de implantes dentales. Se utiliza principalmente en pacientes con reabsorción alveolar y neumatización del seno maxilar tras la pérdida dentaria. Dentro de las técnicas de regeneración ósea dental, es uno de los procedimientos más documentados y con mayor respaldo científico [20,21].
En este apartado se revisan las indicaciones clínicas, los criterios de selección del paciente y los factores anatómicos que condicionan el pronóstico, con un enfoque clínico y basado en la evidencia.
Indicaciones clínicas y criterios de selección del paciente
La indicación principal de la elevación de seno maxilar es la presencia de una altura ósea residual insuficiente en el sector posterior del maxilar que impide la colocación de implantes con una estabilidad primaria adecuada. Esta situación es frecuente tras pérdidas dentarias de larga evolución, donde la combinación de reabsorción del reborde alveolar y expansión progresiva del seno maxilar reduce el volumen óseo disponible [20,21].
La literatura coincide en que la decisión de realizar una elevación de seno no debe basarse exclusivamente en un umbral milimétrico de altura ósea residual. Factores como la calidad ósea, la planificación protésica, el número de implantes y su distribución influyen de forma directa tanto en la indicación como en la elección de la técnica quirúrgica [5].
En este contexto, la tomografía computarizada de haz cónico (CBCT) se considera el método diagnóstico de referencia, ya que permite evaluar con precisión la altura ósea residual, la morfología del seno maxilar y la presencia de estructuras anatómicas de riesgo [22].
Diversos estudios clínicos y revisiones sistemáticas han demostrado que, cuando está correctamente indicada y planificada, la elevación de seno maxilar presenta altas tasas de supervivencia implantaria, comparables a las obtenidas en hueso nativo [23,24]. No obstante, el éxito del procedimiento depende en gran medida de una adecuada selección del paciente y del control de factores locales y sistémicos que puedan comprometer la cicatrización.
Antes de indicar la técnica, es imprescindible descartar patología sinusal activa y valorar antecedentes otorrinolaringológicos, ya que la presencia de sinusitis no controlada se asocia a un mayor riesgo de complicaciones postoperatorias [25].
Situaciones clínicas favorables y limitaciones
Desde el punto de vista clínico, la elevación de seno maxilar está especialmente indicada en pacientes parcialmente edéntulos del sector posterior superior, con rebordes alveolares atróficos y ausencia de patología sinusal activa. En estos casos, la técnica permite restablecer un volumen óseo suficiente para una rehabilitación implantosoportada predecible [21,23].
Por el contrario, determinadas condiciones requieren una evaluación más cuidadosa o un abordaje previo. La presencia de septos sinusales, una membrana de Schneider muy fina o una altura ósea residual extremadamente reducida se han asociado a un mayor riesgo de perforación de la membrana durante la cirugía de elevación de seno [22,26].
Asimismo, enfermedades sistémicas mal controladas, tabaquismo intenso o una higiene oral deficiente pueden afectar negativamente al proceso de regeneración ósea y al pronóstico a largo plazo de los implantes colocados en senos elevados [24].
En estos escenarios, la literatura recomienda individualizar la indicación, optimizar los factores de riesgo y, cuando sea necesario, coordinar el tratamiento con otros especialistas para aumentar la seguridad y la predictibilidad del procedimiento [5,25].
2.5. Tratamiento de la periimplantitis

La periimplantitis es una enfermedad inflamatoria asociada a biofilm que afecta a los tejidos periimplantarios y se caracteriza por inflamación de la mucosa, sangrado y/o supuración al sondaje, aumento de la profundidad de sondaje y pérdida progresiva del hueso de soporte del implante [40]. A diferencia de la mucositis periimplantaria, la periimplantitis cursa con pérdida ósea y, si no se trata, puede comprometer la supervivencia del implante.
Clasificación y estadios clínicos de la periimplantitis
Actualmente, no existe un sistema de estadificación tan estructurado como el de la periodontitis, pero la literatura y las guías clínicas proponen clasificar la periimplantitis según la severidad de la pérdida ósea y la profundidad de sondaje, con implicaciones directas en el tratamiento [41,42].
De forma práctica, se describen tres niveles de severidad:
- Periimplantitis leve: inflamación periimplantaria con bolsas moderadas y pérdida ósea limitada.
- Periimplantitis moderada: aumento significativo de la profundidad de sondaje y pérdida ósea circunferencial parcial.
- Periimplantitis avanzada: bolsas profundas, pérdida ósea extensa y, en algunos casos, compromiso de la estabilidad del implante [41].
Esta clasificación orienta el enfoque terapéutico y la posibilidad de estabilizar o reconstruir el soporte periimplantario.
Tratamiento de la periimplantitis
El tratamiento de la periimplantitis tiene como objetivo controlar la infección, detener la progresión de la pérdida ósea y crear un entorno periimplantario estable y mantenible a largo plazo. Un elemento clave es la descontaminación eficaz de la superficie implantaria, ya que la rugosidad del implante favorece la persistencia del biofilm y dificulta su eliminación completa [42].
En todos los estadios, el control de placa y la corrección de factores locales y sistémicos son determinantes para el éxito del tratamiento. En lesiones leves o moderadas, el tratamiento puede orientarse a la reducción de la inflamación y de las bolsas periimplantarias, favoreciendo un entorno compatible con la higiene oral y el mantenimiento profesional [41].
En periimplantitis moderadas y avanzadas con pérdida ósea significativa, el tratamiento puede perseguir no solo la estabilización, sino también la reconstrucción parcial del defecto óseo periimplantario. La evidencia científica indica que, en defectos favorables, los procedimientos reconstructivos pueden mejorar los parámetros clínicos y radiográficos [43]. En este contexto, la regeneracion osea dental periimplantaria se considera un objetivo terapéutico posible, aunque menos predecible que en periodoncia y altamente dependiente de la morfología del defecto, la descontaminación del implante y el mantenimiento a largo plazo [42,44].
2.6. Tratamiento periodontal quirúrgico y no quirúrgico

La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica inducida por la biopelícula bacteriana, caracterizada por pérdida de inserción clínica y destrucción progresiva del hueso alveolar. La clasificación actual de la EFP/AAP establece cuatro estadios (I–IV) en función de la severidad, complejidad y riesgo de progresión, lo que permite adaptar el tratamiento de forma individualizada [45].
Estadios I y II: tratamiento periodontal no quirúrgico
Los estadios I y II corresponden a periodontitis leve y moderada, con pérdida de inserción limitada y ausencia de gran complejidad anatómica. En estos casos, el tratamiento periodontal no quirúrgico es generalmente suficiente para controlar la enfermedad [45].
Este abordaje incluye el control de placa supragingival, la instrucción de higiene oral y la eliminación de factores de riesgo modificables, como el tabaquismo o el mal control glucémico. La instrumentación subgingival (raspado y alisado radicular) ha demostrado reducir significativamente la profundidad de sondaje y mejorar el nivel de inserción clínica, especialmente en bolsas ≤5 mm [46].
Las terapias adyuvantes antimicrobianas pueden considerarse en situaciones específicas, aunque la evidencia indica que su beneficio es limitado y siempre dependiente de una instrumentación mecánica eficaz y del mantenimiento periodontal [47].
Estadios III y IV: tratamiento quirúrgico
Los estadios III y IV se caracterizan por una pérdida de soporte periodontal severa, presencia de bolsas profundas, defectos infraóseos y, en el estadio IV, compromiso funcional. En estos casos, el tratamiento no quirúrgico suele ser insuficiente y se indica un tratamiento periodontal quirúrgico tras la fase inicial y la reevaluación [45].
Cirugía resectiva
La cirugía resectiva tiene como objetivo principal la eliminación de las bolsas periodontales mediante el remodelado de los tejidos blandos y duros (colgajos de acceso, osteoplastia y osteotomía). Está indicada principalmente en defectos óseos horizontales o en defectos no favorables para la regeneración [45,48].
Aunque no busca recuperar el soporte perdido, este enfoque facilita el control de placa a largo plazo y contribuye a la estabilidad de la enfermedad periodontal.
Cirugía regenerativa
La cirugía regenerativa está indicada principalmente en estadios III y IV con defectos infraóseos bien contenidos. Su objetivo es restaurar los tejidos periodontales perdidos (cemento radicular, ligamento periodontal y hueso alveolar). Técnicas como la regeneración tisular guiada (GTR) y el uso de derivado de la matriz del esmalte (EMD) han demostrado resultados clínicos superiores frente a la cirugía de acceso sola [49].
Revisiones sistemáticas y metaanálisis muestran mayores ganancias de inserción clínica y reducción de profundidad de sondaje, con resultados estables a largo plazo, siempre que exista una correcta selección del defecto, un adecuado manejo de tejidos y un buen control de placa postoperatorio [49,50]. Estas técnicas constituyen la base de la regeneración ósea dental en el tratamiento periodontal avanzado.
2.7. Regeneración de los tejidos blandos

La regeneración de tejidos blandos constituye un objetivo clave en la odontología regenerativa, especialmente en periodoncia, implantología y cirugía mucogingival. La pérdida de tejido gingival o mucoso puede comprometer tanto la función periodontal como el resultado estético del tratamiento, por lo que las técnicas regenerativas buscan restablecer la arquitectura y estabilidad de los tejidos periimplantarios y periodontales [51].
En la práctica clínica, las técnicas de regeneración de tejidos blandos incluyen principalmente procedimientos mucogingivales basados en injertos autólogos, es decir, obtenidos del propio paciente. Entre ellos, destacan el injerto gingival libre (IGL) y el injerto de tejido conectivo subepitelial (ITC).
- El IGL consiste en la obtención de un fragmento de epitelio y tejido conectivo, habitualmente del paladar, que se trasplanta a una zona receptora con el objetivo principal de aumentar la cantidad de encía queratinizada y mejorar la resistencia del tejido frente al trauma mecánico o la inflamación. Por ello, suele estar especialmente indicado en zonas con escasa mucosa queratinizada, en vestibulares poco profundas o en dientes con dificultad para mantener un adecuado control de placa.
- Por su parte, el ITC se obtiene del tejido conectivo palatino, preservando en mayor medida la zona donante, y se considera actualmente el gold standard para el tratamiento de las recesiones gingivales y el aumento del volumen de tejido. Su principal ventaja radica en que ofrece resultados más predecibles desde el punto de vista estético, con una mejor integración cromática y morfológica en comparación con el IGL. Además, suele combinarse con técnicas como el colgajo de avance coronal, lo que permite optimizar la cobertura radicular, aumentar el espesor de los tejidos y favorecer la estabilidad a largo plazo del resultado clínico [52].
Además de los injertos autólogos, el desarrollo de biomateriales y matrices de colágeno reabsorbibles ha ampliado las opciones terapéuticas disponibles. Estos materiales actúan como andamios biológicos que favorecen la migración celular y la angiogénesis, permitiendo la regeneración del tejido blando sin necesidad de un segundo sitio quirúrgico donante. Estudios clínicos han mostrado resultados favorables en procedimientos de preservación alveolar y en la regeneración periimplantaria [53].
En los últimos años, la investigación en ingeniería tisular ha impulsado nuevas aproximaciones regenerativas basadas en biomateriales avanzados, terapias celulares y diseño de andamios biomiméticos que buscan reproducir la estructura y función de los tejidos periodontales naturales. Aunque muchas de estas estrategias se encuentran todavía en fase experimental, representan una vía prometedora para mejorar los resultados clínicos en regeneración periodontal y mucogingival [54].
En conclusión, la regeneración de tejidos blandos constituye una herramienta fundamental para restaurar la salud periodontal y optimizar la estética en odontología moderna. La combinación de técnicas quirúrgicas predictibles con biomateriales y terapias biológicas está ampliando significativamente las posibilidades terapéuticas disponibles para el clínico.
3. Técnicas de regeneración ósea
3.1. Injertos óseos: tipos y aplicaciones clínicas
Los injertos óseos permiten reconstruir defectos del hueso alveolar y mejorar las condiciones para conservar dientes o colocar implantes. La elección del material no depende solo de su origen, sino también de su capacidad de integración, su velocidad de reabsorción y la estabilidad del volumen a lo largo de la cicatrización.
- Autólogo (autógeno). Procede del propio paciente y es el único material con propiedades osteogénicas, osteoinductivas y osteoconductivas, ya que aporta células viables y factores de crecimiento [16]. Su principal limitación es la remodelación relativamente rápida y la necesidad de un segundo campo quirúrgico. Por este motivo, con frecuencia se mezcla con xenoinjerto para mejorar la estabilidad volumétrica del injerto durante la cicatrización [55,56]. Se utiliza sobre todo en aumentos horizontales o verticales del reborde alveolar y en defectos periimplantarios complejos [16,30].
- Aloinjerto. Procede de donantes humanos y se procesa en bancos de tejidos, generalmente como hueso mineralizado o desmineralizado. Ofrece osteoconducción y, según el procesamiento, cierto potencial osteoinductivo [57]. Su principal ventaja es evitar la morbilidad de una zona donante. Se emplea con frecuencia en preservación alveolar, defectos periodontales intraóseos y regeneración ósea guiada en defectos moderados [57,58,39].
- Xenoinjerto. De origen animal, principalmente bovino o porcino, actúa como matriz osteoconductiva. Su lenta reabsorción y buena estabilidad volumétrica explican su uso extendido en regeneración ósea guiada y regeneración tisular guiada, especialmente cuando se busca mantener el contorno del defecto durante más tiempo [56,58,59]. Por ello, es un biomaterial habitual en múltiples procedimientos regenerativos, tanto en aumentos de cresta alveolar como alrededor de dientes e implantes [58,59,60].
- Aloplástico. Son biomateriales sintéticos, como β-fosfato tricálcico o hidroxiapatita. Funcionan como matrices osteoconductivas y ofrecen disponibilidad ilimitada y alta estandarización industrial [61]. Se emplean principalmente en defectos pequeños o moderados y en defectos contenidos dentro de procedimientos regenerativos [58,61]
3.2. Membranas: tipos y aplicaciones clínicas
Las membranas se utilizan en cirugía regenerativa para crear una barrera selectiva entre el tejido conectivo/epitelial y el defecto óseo, permitiendo la colonización del espacio por células osteogénicas procedentes del hueso y del periostio. Este principio biológico, descrito en la regeneración ósea guiada (GBR), es fundamental para favorecer la neoformación ósea en defectos alveolares o periimplantarios. Su indicación es habitual en procedimientos de implantología, preservación alveolar y reconstrucción de crestas atróficas.
Desde el punto de vista clínico, las membranas se clasifican principalmente según su capacidad de reabsorción y sus propiedades mecánicas, factores que determinan la estabilidad del espacio regenerativo y la duración de la función barrera.
Membranas reabsorbibles de colágeno.
Las membranas reabsorbibles de colágeno están fabricadas generalmente a partir de colágeno tipo I y III de origen porcino o bovino, presentan elevada biocompatibilidad, integración tisular y capacidad de estabilizar el coágulo. Su degradación ocurre por actividad enzimática mediada por colagenasas, con tiempos de reabsorción variables según el procesamiento del material. Se utilizan ampliamente en regeneración ósea dental asociada a injertos particulados en defectos periimplantarios o regeneraciones horizontales moderadas [8,62].
Membranas de colágeno reticulado.
La reticulación química o física aumenta la resistencia del colágeno a la degradación enzimática, prolongando la función barrera y mejorando la estabilidad del injerto. Estas membranas pueden ser útiles en defectos que requieren periodos regenerativos más prolongados, aunque algunos métodos de reticulación pueden reducir la integración tisular o aumentar la respuesta inflamatoria si se produce exposición [63].
Membranas no reabsorbibles (PTFE).
Las membranas de politetrafluoroetileno expandido o denso presentan alta estabilidad dimensional y excelente exclusión celular, lo que las hace adecuadas para defectos verticales o regeneraciones complejas. No obstante, requieren una segunda cirugía para su retirada y presentan mayor susceptibilidad a complicaciones en caso de exposición [64].
Mallas de titanio.
En defectos tridimensionales extensos, las mallas de titanio permiten mantener el volumen del injerto gracias a su elevada rigidez estructural. Se utilizan principalmente en regeneraciones verticales avanzadas o reconstrucciones severas del reborde alveolar [65].
3.3. Regeneración ósea con plasma rico en factores de crecimiento (PRP/PRF)
La regeneración ósea con plasma rico en factores de crecimiento (PRP/PRF) es una estrategia biológica utilizada en cirugía oral e implantología que consiste en emplear concentrados plaquetarios obtenidos a partir de la sangre del propio paciente. Estos biomateriales autólogos se utilizan como complemento en diferentes procedimientos quirúrgicos con el objetivo de favorecer los procesos naturales de cicatrización y reparación tisular. Su aplicación es frecuente en intervenciones de cirugía regenerativa y en tratamientos implantológicos.
En el contexto de la regeneración ósea dental, el plasma rico en plaquetas (PRP) y la fibrina rica en plaquetas (PRF) aportan una elevada concentración de factores de crecimiento, como PDGF, TGF-β y VEGF, implicados en procesos biológicos como la angiogénesis, la proliferación celular y la formación de matriz extracelular [66,67]. Estos mediadores participan en las fases iniciales de la cicatrización y pueden contribuir a mejorar la respuesta biológica de los tejidos tras la cirugía.
La obtención de estos concentrados se realiza mediante la extracción de sangre del paciente y su posterior centrifugación, lo que permite separar y concentrar las plaquetas dentro de una matriz rica en fibrina y proteínas bioactivas. Este material puede aplicarse directamente en el lecho quirúrgico o combinarse con biomateriales óseos, injertos particulados o membranas empleadas en técnicas regenerativas [67,68].
Entre sus principales aplicaciones clínicas se encuentran la preservación alveolar tras la extracción dental, los procedimientos de regeneración ósea guiada, los aumentos de cresta alveolar y determinadas intervenciones de cirugía implantológica. Sin embargo, aunque su uso está ampliamente extendido en la práctica clínica, la evidencia científica disponible muestra resultados variables en relación con su capacidad para aumentar la formación de nuevo hueso [68,69].
Por este motivo, actualmente se considera principalmente un coadyuvante biológico, que puede contribuir a mejorar la manipulación de los biomateriales y favorecer la cicatrización de los tejidos blandos, más que un factor determinante en la cantidad final de hueso regenerado.
La regeneración ósea con plasma rico en factores de crecimiento (PRP/PRF) es una estrategia biológica utilizada en cirugía oral e implantología que consiste en emplear concentrados plaquetarios obtenidos a partir de la sangre del propio paciente. Estos biomateriales autólogos se utilizan como complemento en diferentes procedimientos quirúrgicos con el objetivo de favorecer los procesos naturales de cicatrización y reparación tisular. Su aplicación es frecuente en intervenciones de cirugía regenerativa y en tratamientos implantológicos.
En el contexto de la regeneración ósea dental, el plasma rico en plaquetas (PRP) y la fibrina rica en plaquetas (PRF) aportan una elevada concentración de factores de crecimiento, como PDGF, TGF-β y VEGF, implicados en procesos biológicos como la angiogénesis, la proliferación celular y la formación de matriz extracelular [66,67]. Estos mediadores participan en las fases iniciales de la cicatrización y pueden contribuir a mejorar la respuesta biológica de los tejidos tras la cirugía.
La obtención de estos concentrados se realiza mediante la extracción de sangre del paciente y su posterior centrifugación, lo que permite separar y concentrar las plaquetas dentro de una matriz rica en fibrina y proteínas bioactivas. Este material puede aplicarse directamente en el lecho quirúrgico o combinarse con biomateriales óseos, injertos particulados o membranas empleadas en técnicas regenerativas [67,68].
Entre sus principales aplicaciones clínicas se encuentran la preservación alveolar tras la extracción dental, los procedimientos de regeneración ósea guiada, los aumentos de cresta alveolar y determinadas intervenciones de cirugía implantológica. Sin embargo, aunque su uso está ampliamente extendido en la práctica clínica, la evidencia científica disponible muestra resultados variables en relación con su capacidad para aumentar la formación de nuevo hueso [68,69].
Por este motivo, actualmente se considera principalmente un coadyuvante biológico, que puede contribuir a mejorar la manipulación de los biomateriales y favorecer la cicatrización de los tejidos blandos, más que un factor determinante en la cantidad final de hueso regenerado.
4. Protocolos quirúrgicos
Los protocolos quirúrgicos constituyen la base para obtener resultados predecibles en regeneración ósea dental. Más allá de la selección del biomaterial o de la membrana, el éxito del tratamiento depende de una correcta ejecución de cada fase quirúrgica, desde la preparación del lecho receptor hasta el periodo de maduración del injerto.
En los siguientes apartados se describen los principales pasos del procedimiento, los aspectos técnicos más relevantes y los factores que influyen en la estabilidad biológica y mecánica de la regeneración.
4.1. Preparación del lecho receptor en regeneración ósea dental
La preparación adecuada del lecho receptor es un factor determinante para el éxito de la regeneración ósea guiada. El objetivo es crear un entorno biológico estable, vascularizado y libre de tensión que favorezca la angiogénesis, la estabilidad del injerto y la regeneración ósea predecible [70,71].
1. Diseño de la incisión y elevación del colgajo
La cirugía debe iniciarse con un diseño de colgajo que permita un acceso amplio al defecto y garantice posteriormente un cierre primario sin tensión [70,71].
- Realizar una incisión crestal ligeramente palatinizada o lingual en zonas edéntulas.
- Añadir incisiones de descarga vertical únicamente cuando sean necesarias para mejorar el acceso o la movilidad del colgajo.
- Elevar un colgajo mucoperióstico de espesor total para exponer completamente el defecto óseo y el hueso receptor.
- Evitar desgarros del periostio y preservar la vascularización del colgajo [13,71].
Objetivo biológico: mantener el aporte sanguíneo periostal y permitir una adecuada manipulación de los tejidos blandos [70].
2. Desbridamiento y acondicionamiento del defecto
Una vez expuesto el defecto, es necesario eliminar completamente tejido fibroso, tejido de granulación o restos inflamatorios [49].
- Realizar un legrado meticuloso de la zona receptora.
- Irrigar abundantemente con solución salina estéril para reducir residuos y contaminación [70].
En defectos periimplantarios o postextracción, la presencia de tejido blando residual puede comprometer la formación de hueso nuevo y reducir la predictibilidad del procedimiento regenerativo [72].
3. Decorticación o perforaciones corticales
La decorticación del hueso receptor se realiza mediante pequeñas perforaciones en la cortical utilizando una fresa redonda pequeña o un instrumento piezoeléctrico bajo irrigación abundante [70,73].
Objetivos de la decorticación:
- Favorecer el sangrado medular.
- Incrementar el aporte celular y vascular.
- Facilitar la migración de células osteogénicas desde el hueso esponjoso.
- Mejorar la angiogénesis y la integración del biomaterial [70,71,73].
Las perforaciones deben distribuirse homogéneamente sobre el lecho receptor, penetrar la cortical sin generar necrosis térmica y mantenerse conservadoras para evitar un debilitamiento óseo excesivo [70].
4. Control del sangrado biológico
Tras la decorticación debe observarse un sangrado homogéneo procedente del hueso medular (bleeding bone) [70].
Este sangrado constituye un indicador clínico de:
- Adecuada vascularización.
- Activación biológica del lecho receptor.
- Potencial regenerativo favorable [71].
No debe buscarse una hemostasia completa antes de colocar el biomaterial, ya que un lecho excesivamente seco puede reducir la incorporación biológica del injerto [70].
Sin embargo, debe evitarse el sangrado incontrolado, y eliminarse acumulaciones excesivas de sangre que comprometan la estabilidad del material.
5. Adaptación y estabilidad del biomaterial
El injerto debe colocarse de forma estable y pasiva sobre el defecto [70,71].
Se debe evitar el sobrecontorneado excesivo, eliminar los micromovimientos y asegurar un contacto íntimo entre injerto y hueso receptor [71].
La estabilidad es crítica para prevenir encapsulación fibrosa, colapso del volumen regenerado y contaminación bacteriana [71,72].
Cuando sea necesario, pueden utilizarse pins de fijación, tornillos, membranas reforzadas o técnicas de estabilización mecánica [70,74].
6. Comprobación de la estabilidad de la membrana
La membrana debe cubrir completamente el biomaterial, extenderse al menos 2-3 mm sobre hueso sano y permanecer inmóvil tras su fijación [70,72].
Debe verificarse la ausencia de movilidad, la adaptación pasiva y la ausencia de espacios muertos.
La estabilidad del complejo injerto-membrana es uno de los factores más relevantes en regeneración ósea guiada [71,72].
7. Liberación perióstica y cierre sin tensión
Antes de realizar la sutura debe efectuarse la liberación perióstica del colgajo vestibular cuando sea necesario y comprobar que el cierre pueda realizarse pasivamente [70].
El cierre primario debe ser hermético, estable y libre de tensión [70,71].
La exposición temprana de la membrana se asocia a un aumento significativo de complicaciones y reducción de la regeneración ósea obtenida [72].
4.2. Colocación del injerto y la membrana
La colocación del injerto y la membrana es un paso fundamental en la regeneración ósea dental. Su objetivo es crear un espacio estable y protegido que permita la formación de hueso nuevo mediante exclusión celular selectiva. Este procedimiento está indicado en defectos óseos horizontales, verticales o periimplantarios donde se requiere aumento de volumen óseo [5].
La secuencia quirúrgica
1. Colocación del injerto y la membrana
El biomaterial se introduce de forma progresiva, evitando la sobrecompactación para preservar su estructura porosa y favorecer la angiogénesis y la colonización celular. La adaptación íntima al lecho receptor es clave para la osteoconducción [75].
2. Reconstrucción del volumen
Se modela el contorno óseo considerando la estabilidad a largo plazo y la futura arquitectura de tejidos blandos.
3. Colocación de la membrana
La membrana debe cubrir completamente el injerto y extenderse al menos 2-3 mm más allá del defecto. Actúa como barrera física que impide la migración de células epiteliales y del tejido conectivo, favoreciendo la regeneración ósea guiada [8].
4. Fijación de la membrana
El uso de pins o sistemas de fijación mejora la estabilidad del conjunto y reduce el riesgo de micromovimientos, uno de los principales factores de fracaso [70].
5. Cierre primario sin tensión
Imprescindible para evitar dehiscencias y exposición de la membrana, complicaciones asociadas a menor tasa de regeneración [71].
El cumplimiento de esta secuencia, junto con el respeto a los principios PASS (Primary Closure, Angiogenesis, Space Maintenance y Stability), es determinante para obtener resultados predecibles en regeneración ósea dental [71].
Puntos críticos de la técnica
El éxito de la técnica depende de varios factores clave.
La estabilidad del injerto y de la membrana es esencial, ya que incluso micromovimientos mínimos pueden comprometer la formación ósea. Asimismo, el mantenimiento del espacio es un requisito biológico indispensable para permitir la regeneración [71].
La selección del biomaterial también influye directamente en los resultados. Materiales con alta estabilidad volumétrica, como los xenoinjertos bovinos, han demostrado menor tasa de reabsorción en comparación con otros sustitutos óseos [76].
Además, el manejo de tejidos blandos y la obtención de un cierre hermético son determinantes para prevenir complicaciones postoperatorias [28].
4.3. Técnicas de sutura en regeneración ósea dental
Las técnicas de sutura constituyen un elemento crítico en los procedimientos de regeneración ósea dental, ya que el éxito de la regeneración no depende únicamente del biomaterial o de la membrana utilizada, sino también de la capacidad para mantener un cierre estable de los tejidos blandos durante todo el periodo de cicatrización.
El objetivo principal de la sutura es conseguir un cierre primario sin tensión, proteger el injerto y minimizar el riesgo de contaminación bacteriana, dehiscencia de la herida o exposición prematura de la membrana [71,70].
Punto simple interrumpido
Es la técnica más utilizada en cirugía oral.
Permite una aproximación precisa de los bordes de la herida y ofrece un buen control de la adaptación tisular. Su principal ventaja es que, si un punto falla, el resto de la sutura permanece estable. Sin embargo, proporciona un control limitado de las tensiones cuando se realizan procedimientos regenerativos extensos.
Sutura en colchonero horizontal
Consiste en dos pasadas paralelas a la línea de incisión.
Permite distribuir las fuerzas de tensión sobre una superficie más amplia y favorece la estabilidad del colgajo.
Resulta especialmente útil para estabilizar tejidos blandos sobre injertos o membranas regenerativas.
Sutura en colchonero vertical
Proporciona una excelente eversión de los bordes de la herida y un control más eficaz de la tensión que el punto simple.
Se utiliza frecuentemente en procedimientos de regeneración ósea guiada y aumentos óseos horizontales o verticales.
Sutura suspensoria
Técnica de sutura utilizada para estabilizar y posicionar los tejidos blandos alrededor de dientes, implantes o pilares protésicos.
Consiste en rodear una estructura estable con el hilo de sutura para mantener el colgajo en la posición deseada sin ejercer tensión directa sobre la línea de cierre.
Se emplea con frecuencia en procedimientos de regeneración ósea y cirugía mucogingival para favorecer la estabilidad tisular y optimizar la cicatrización.
Materiales de sutura recomendados
Los materiales de sutura pueden dividirse en dos grandes grupos: suturas no reabsorbibles y suturas reabsorbibles.
La elección dependerá del tipo de procedimiento, del tiempo de cicatrización previsto y de las preferencias del clínico. No obstante, en procedimientos regenerativos complejos suelen preferirse las suturas monofilamento no reabsorbibles debido a su menor acumulación de placa bacteriana y a su capacidad para mantener la estabilidad de los tejidos durante periodos prolongados.
Suturas no reabsorbibles
- PTFE (politetrafluoroetileno): considerado por muchos autores el material de referencia en cirugía regenerativa por su excelente biocompatibilidad, baja adhesión bacteriana y fácil retirada.
- Poliamida (Nylon®): monofilamento no reabsorbible ampliamente utilizado en cirugía oral por su buena resistencia mecánica, mínima reacción tisular y facilidad de manejo.
Suturas reabsorbibles
- Ácido poliglicólico (PGA).
- Poliglactina 910 (Vicryl®).
Materiales mono o multifilamento reabsorbibles utilizados cuando se desea evitar una segunda visita para la retirada de suturas.
En cuanto al calibre, los hilos 5-0 y 6-0 son los más utilizados en regeneración ósea dental por su capacidad para minimizar el trauma quirúrgico y facilitar una manipulación precisa de los tejidos [79].
La combinación de una técnica adecuada, un material biocompatible y un correcto manejo de los tejidos blandos es uno de los factores más importantes para proteger el injerto y maximizar la predictibilidad del procedimiento [71,77,79].
4.4. Periodo de maduración y tiempos de reentrada
Tras la colocación del biomaterial, el periodo de maduración es una fase crítica para la integración del injerto y la formación de nuevo tejido óseo. Durante este tiempo se producen fenómenos de angiogénesis, remodelado y sustitución parcial o total del material injertado, dependiendo de sus características biológicas y de la técnica empleada.
La estabilidad del coágulo, el cierre primario y el control de la infección son factores determinantes para el éxito clínico [71,30].
Tiempos habituales de reentrada
Los tiempos de reentrada varían según el tipo de defecto, el biomaterial utilizado y la estrategia terapéutica.
Preservación alveolar
La colocación del implante suele realizarse entre las 8 y 16 semanas, aunque puede prolongarse en defectos con pérdida importante de pared vestibular [39].
Regeneración ósea guiada horizontal
Los periodos habituales oscilan entre 4 y 6 meses [80].
Aumentos verticales y reconstrucciones complejas
Pueden requerirse entre 9 y 12 meses antes de la reentrada quirúrgica [30,81].
Evaluación clínica y radiográfica
La decisión clínica no debe basarse únicamente en el tiempo transcurrido, sino también en criterios radiográficos y clínicos.
La evaluación mediante CBCT permite valorar el volumen óseo obtenido y el grado de mineralización previo a la colocación del implante [27].
Una maduración insuficiente puede comprometer la estabilidad primaria y aumentar el riesgo de fracaso implantario, especialmente en procedimientos avanzados de regeneración ósea dental [30].
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